Archivo de la categoría: JOYAS LITERARIAS DEL SR. NOBSON

“Tratado de seres fantásticos que debieran existir”

“Tratado de seres fantásticos que debieran existir”.

Este raro compendio del siglo XVI constituye un ejercicio de imaginación magnífico. Fue escrito por el aventurero lunático Balperico de Lutón, que acabó sus días malviviendo en un lupanar de Bangladesh sin nadie que lo echara a faltar. En el tomo, el escritor se recrea en imaginar un catalogo de seres imposibles que parecen surgidos de pesadillas febriles y noches de absenta: El aponio, duendecillo con cara de sapo que correteaba tras las damas para lamerles sus tobillos. El tuescano, una especie de paquidermo gaseoso que se disolvía en pequeñas nubes al soplarlo con fuerza. El póngano, un equino pecoso de apenas un palmo capaz de cabalgar raudo sobre las aguas, o la Carmenia, una planta espinosa de seis metros de altura que recita versos con voz de anciana. Todo un personaje este Balperico de Lutón.


“Los lunares de Arcadio Webster”

“Los lunares de Arcadio Webster”. Un tomo encuadernado en auténtica piel humana que el escritor fue pacientemente esquilando de sus vellosas extremidades durante más de media vida. En su interior el autor realiza una crónica descriptiva acerca de la evolución de las pecas y lunares que pueblan todo su cuerpo a lo largo de varias décadas. Llega la descripción hasta el punto de establecer distintas categorías y tipologías de pigmentos, clasificación que ha llegado a ser utilizada frecuentemente por ilustres dermatólogos modernos.


“Almas”

“Almas”. Extrañísimo incunable anónimo en el que se describe y categoriza con quirúrgica precisión los miles de almas que existen. Según el autor, podríamos clasificar las almas según sus colores, su vaporosidad, su capacidad de trascender e incluso su sabor. Está repleto de ilustraciones ciertamente alucinógenas sobre formaciones flotantes más o menos antropomorfas que deambulan por bucólicos paisajes. El autor también facilita al final de la obra una pequeña guía sobre como detectar aquellas que vagan libres, incorpóreas y poder atraparlas en pequeños tarros bendecidos.


La librería del señor Nobson

La librería del señor Nobson se encontraba bajo unos arcos de piedra en una pequeña plazoleta de Shilton. Hasta aquí se llegaba serpenteando por callejuelas que, aunque uno las atravesara mil veces, nunca daban la impresión de ser las mismas. Siempre oscuras y calladas, acababan acompañando al transeúnte hasta la puerta del viejo librero, impidiendo de una manera casi mágica que pudiera llegar a extraviarse. Sobre la puerta únicamente encontramos un destartalado cartel de madera en el que reza la leyenda: “Casa del Sr. Nobson. Se venden historias”.

Una vez dentro no resulta sencillo describir aquel espacio. Quizás el caos ordenado le hiciera justicia y fuera el concepto más aproximado. No más de diez recias estanterías forraban sus paredes. En el centro se enfrentaban varias mesas de una robusta madera oscura que albergaban cientos de ejemplares, dispuestos en disparatadas pilas equilibristas. Discretos ventanucos superiores proyectaban largos chorros de luz natural, dejando el resto de la estancia a media penumbra. A pesar de tal desbarajuste organizado, todo parecía misteriosamente limpio y pulcro, cosa que era de agradecer.